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Silvia Piranesi y el mundo de las máscaras

Por Alfredo Trejos*
alfredo.trejos@gmail.com

Alfredo Trejos

Hablar de la poesía de Silvia Piranesi es como describir una experiencia sacramental. Ella, Silvia, habla de sí misma como si estuviera bajo el efecto de un narcótico y en este estado se acercara a nosotros para ofrecer su visión de nuestras visiones. Se confiesa. Se desploma por los entresijos, por el encordado de las palabras, advirtiéndonos que hay cosas del mundo que aún dan placer, que casi no hay lugar para la culpa, y mucho más importante, que aún hay cosas placenteras que se comportan leales hasta el final a quienes las disfrutan. Su llamado es contagioso: proseguir descuidadamente ante los favores y las garantías, los que nos son otorgados y los que ofrecemos a destajo. Es un asunto de observar lo bello con temeridad, con arrojo infantil y de conseguir asignarle de esta forma a algo tan poco concluyente como la belleza cierta identidad fantástica.

Ante la poesía -siendo la poesía uno de los rasgos más decididamente humanos- la naturaleza no tiene palabra: se desdice y traiciona. Para la poeta, la naturaleza cae con más de sí misma hacia el horizonte más oscuro. Se inclina con más de sí misma hacia lo inconveniente. En Silvia nunca somos parte neutra. Somos una compleja máquina gramatical a la que constantemente hay que darle servicio, reponerle verbos y predicados. No hay indecisiones, solo ambiciones. No hay egoísmos, solo instintos.

Recuerdo aquello que Benjamín Prado escribió partiendo a su vez del trabajo de W.H. Auden: "Hay una calle larga, helada por la nieve de los globos eléctricos". Silvia Piranesi bien podría sugerir de la forma más poéticamente descabellada que en lugar de poner los postes del alumbrado uno tras otro, se dispongan en espiral como formando un misterioso laberinto.Y es que su poesía a veces recomienda sentir espanto de aquello que se escapa a los sentidos. Es que a veces Silvia nos arroja a un vórtice luminiscente en el que los lutos y las celebraciones se agendan, pero no se pronostican.

Si antes yo pensaba que la poesía, al contrario de lo que parece, primero se escribe y luego se imagina, al leer muchos de los trabajos de Silvia sé que esto es verdad. Y entonces respiro mejor, aliviado. Pero de súbito, en cualquier parte de su obra, vuelvo acicalado al desasosiego cuando descubro que hay peores contradicciones que morir por mano propia. En la obra de Silvia hay una licencia forense que le permite poner bajo el microscopio los restos de un sistema solar para que lo reconozcamos al primer vistazo.

La poesía jamás debe ser subestimada. Los poemas de un buen poeta deben ser repartidos como reliquias por todo el mundo de la fe, por todo el mundo de las máscaras, sin afán de adoración, solo por gusto. En Silvia hay un clamor (entre los pocos clamores que se permite) y este es: que el mudo hable, que el ciego vea, que lo que debe ser escrito, se escriba. Y ojalá se escriba con palabras en estado crítico pero intactas en su significado. Esto Silvia lo logra de manera casi instintiva.

Parece, según Silvia, que el corazón y los ojos son los órganos con el movimiento menos restringido y que por tanto se merecen un poco más de atención y de poesía. Silvia es capaz de que un reloj común se abra como una ostra y de que la crueldad y la postración sucedan como milagros, sobre todo esa postración que no sobreviene al infortunio sino al asombro. Silvia Piranesi recorre hacia adentro y hacia fuera la espiral del alumbrado. Es decir, se va y regresa, intacta y mancillada, viva y muerta.

Contagiantemente temerosa parece decirme que escribir poesía es lograr ver en un espejo de harapos al menos una reconocible imagen propia.



*Alfredo Trejos Ortiz San José, Costa Rica (1977)

Poeta. Miembro del Café Literario Francisco Zúñiga Díaz (1995-1998) y del grupo Enésima Silla (1997-2002).
Ha publicado: Carta sin cuerpo (Costa Rica: Ediciones Perro Azul, 2001); Arrullo para la noche tóxica (Costa Rica: Ediciones Perro Azul, 2005); Vehículos Pesados (Costa Rica: EUCR-Fundación Casa de Poesía, 2010) y Modelo T. Antología personal. 1999-2009 (Guatemala: Catafixia Ediciones, 2010).
Entre los reconocimientos que ha recibido se encuentran una Mención de honor en el Premio per la Pace, Centro Studi, Cultura e Societá, Turín, Italia, 1996. Ha participado en festivales de poesía en Costa Rica, El Salvador y Nicaragua.


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