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Articulaciones

El tiempo contra el ser en No importa existe el viento
de Silvia Piranesi

Por Cristián Marcelo Sánchez*
crismarsan70@gmail.com

Cristián Marcelo Sánchez

La poesía de Silvia Piranesi está marcada por el sueño o la pesadilla, por la búsqueda de un sentido atemporal e infinito. El poema se construye y destruye continuamente por elipsis y rupturas. La linealidad del verso es constantemente puesta a prueba por la fragmentación. El poema en prosa o la prosa poética es un espacio vacío en la crítica costarricense, como el cancionero costarricense o el romancero, como el soneto o el haikú. Se carece de estudios profundos sobre la poesía costarricense; sometida a los gustos y preferencias de los críticos, parece un gran rompecabezas a la que se le han perdido demasiadas piezas.

El surgimiento del poema en prosa en Hispanoamérica se debe en gran medida al auge del movimiento modernista, a las experimentaciones que surgieron gracias al anhelo de los poetas por dar a conocer un nuevo orden de cosas al finalizar el siglo XIX. Los postmodernistas comparten con sus antecesores la idea de concebir la prosa y el verso como igualmente válidas para la consecución del lirismo del poema. En la vanguardia, el poema en prosa se convierte en el reino de la palabra, de sus manipulaciones y del juego musical que pretende desgarrar los mecanismos de la creación poética. Por otro lado, en la post-vanguardia el poema en prosa sirve como instrumento para dotar a la poesía de coloquialismo, se convierte en campo propicio para lo prosaico1.

En la poesía de Silvia Piranesi el tiempo es un arquetipo recurrente, un modelo del mundo que elabora la poeta. En No importa existe el viento, está siempre en combate contra el tiempo, no el tiempo femenino y circular, sino contra la temporalidad masculina, contra esa linealidad que destruye, desgarra y quema constantemente el ser. El tiempo aparece en todas sus formas: sueños, fotografías, recuerdos. Puede ser cronológico o cósmico, da igual, está allí acechando el ocio creativo de la poeta. Solo algunos poemas escapan de este combate con el tiempo, como "Expuestos", "Últimamente las goteras", "No basta la distancia", "Somos tantos los solos".

El libro está formado de dos partes: Blanco y Pavimento. Mientras el blanco es el color del pasaje –considerado este en el sentido ritual– por el cual se operan las mutaciones del ser, según el esquema clásico de toda iniciación: muerte y renacimiento2; el pavimento son las circunstancias que rodean a la poeta, la aspiración a la realidad. La tensión entre la trascendencia y las contingencias se desarrolla obsesivamente en No importa existe el viento. La temporalidad es una herida constante y sangrante, poema a poema:

"No me sucede la lluvia cuando reemplazo el tiempo..."

"...la estupidez es del tiempo y no mía..."

"...todo mi tiempo es absurdo como un luto."

"Luego pienso en mi arquitectura de serpiente mordiéndose la cola..."

"El orden de los horarios disponiendo de los trenes, del campo traviesa y los aguaceros."

"Existe un orden que altera, escribe y deshecha lo hecho, los eventos que cuando suceden se esfuman."

"...me recuerdo detrás de la repetición del futuro entonces y ahora."

"Supongo que después de tanto tiempo he de resignarme a que estás muerto, o perdido."

"La noche brilla blanca, elegante decadencia de tiempo que no cambia. De este lado, la calle rota en dos tiempos erguida..."

"El tiempo también sus dibujos verdes, colgados y estampados sobre la cama, sobrevivientes. el tiempo jugando a caer en picada justo cuando el tren daba la vuelta a la montaña."

"...Ya no sé si fuiste vos pero yo arranco el pedazo de tiempo en el que estoy..."

"...Es un ensayo esta línea del tiempo, empieza lenta, cardíaca, pero termina acabándose en un territorio de duelo..."

"...Espero los recuerdos de la mañana..."

"...el tiempo Rilke en trance convertido en ángel terrible. trance al instante de cometer una fotografía. La fotografía persiste como novela geográfica del horror..."

El tiempo se nos muestra lineal y cósmico, siempre en cambio y contradicción, orden absoluto del que la poeta no escapa o escapa a medias. Por otro lado, la poeta reconoce su esencia en el viento, quizás por eso se pregunta: "De qué sirve provenir del viento..." El viento en su carácter de soplo de vida, de espíritu de Dios moviéndose sobre las aguas, de lenguas de fuego sobre los apóstoles, o de instrumento del poder divino que vivifica, castiga o enseña como los ángeles3, se encuentra presente en pájaros, ventanas, trenes, fotografías, que captan la atención de la poeta.

*Cristián Marcelo Sánchez
(1970, Costa Rica)

Licenciado en Lingüística y Literatura en la Universidad Nacional. Perteneció al taller literario "Francisco Zúñiga Díaz", del que fue director de publicaciones (1992-1996).
Ha publicado tres libros de poesía: Todo es lo mismo y no es lo mismo(1994), Entre dos oscuridades (1996) y Fragmentos Fantasmas (2000)Además del libro de ensayos Las esferas de memoria (2004)Escribe el blog Los siete ahorcados

La poesía de Silvia Piranesi pertenece a lo que he venido llamando transvanguardia, porque en lugar de buscar superar o contradecir las ideologías estéticas anteriores, lo que se hace es reelaborar tendencias dominantes y periféricas. Estos poemas se encuentran más cercanos a las vanguardias en su deseo de ruptura y juego con el lenguaje y mucho más lejanos de la poesía de la experiencia, donde las circunstancias tienen mayor peso.

El poemario No importa existe el viento es una interesante propuesta en el que la imaginación –en palabras de G.A. Chaves– está llena de objetos inanimados, desafiante y frontal. Es una poesía no para la declamación, ni para untarla en tarjetas amorosas, sino para romper el silencio. Algo que ha hecho Silvia Piranesi con una maestría exacta y correctamente incorrecta.



1Peña, Cynthia. Breves apuntes sobre el devenir histórico del poema en prosa en España e Hispanoamérica. En Journal of Céfiro Graduate Student Organization, 2003, p. 34.43.

2Chevalier, Jean y Alain, Gheerbrant(1999) Diccionario de símbolos. Barcelona: Herder, p. 189-191.



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